ÍNDICE GENERAL
- Introducción1.-
- Las tres historias de Bolivia
- Resumen de la historia del oriente boliviano
- El Estado andinocéntrico de Bolivia
- La “Nación camba”
- La idiosincrasia y costumbres de los cambas
- Los desafíos de la “Nación camba”
- Conclusiones
- Bibliografía
- Epílogo
- Bibliografía
Para la educación en el Oriente bolivianoIntroducciónCada vez estamos más convencidos que debemos terminar (dar fin a) con la idea falsa (política o legal) que Bolivia es un “Estado-nación”. Inclusive, pensamos, con la definición de un Estado unitario que en el fondo no ha sido unificador. Porque aquella “unidad” sólo ha servido para unificar el mundo andino o altiplánico; es decir, para crear un Estado al estilo y a la medida del pueblo o “cultura colla” o andina. Pero no para unificar o fortalecer al pueblo o cultura del oriente boliviano que encierra una heterogeneidad de situaciones y condiciones históricas y culturales; tampoco para integrarlo en sus subregiones (chaco, chiquitanía, llanos de mojos y amazonía); mucho menos, para bien o para mal, para fomentar una integración sana, con respecto y tolerancia, entre el oriente y el occidente de Bolivia. Aquello de la Bolivia plurilingüe y pluricultural es lo único bien logrado como parte de su caracterización, aunque no como parte de su esencia o definición, ya que lo más importante es reconocer no sólo el o los aspectos culturales de un país o Estado sino el deseo de autonomía política y, si acaso, administrativa y jurídica, de los pueblos, culturas o naciones que lo conforman. No descartamos y respetamos la intención o posibilidad que los Quechuas o Aymaras quieran ser naciones dentro del actual Estado boliviano, o de los criollos y mestizos de la geografía andina y valluna quieran también ser una nación. Antes bien, lo vemos también como un objetivo posible, pues históricamente, esto es, desde la fundación de Bolivia en 1825 hasta los últimos años, han buscado dicho fin política, aunque sin mucha fortuna. Pero también, vemos que el pueblo del oriente boliviano, que tiene una historia común (la gran experiencia de las misiones jesuíticas y franciscanas que no sólo influyó en la población originaria sino también en los criollos y mestizos), unos rasgos culturales homogéneos (los cambas, varones y mujeres, somos gente que confiamos en los demás [en los propios y extraños], amamos nuestra libertad individual, etc.), una geografía similar (el clima tropical ha influido en nuestras costumbres, por ejemplo, la necesidad de hacer siesta después del almuerzo, la arquitectura de nuestras viviendas con grandes ventanas...), unas características económicas parecidas ganadas a lo largo de más de 300 años (por ejemplo, la ganadería a gran escala), tiene todos los elementos para constituirse en una Nación, la llamada “Nación Camba”. ¿Qué aspectos encierra esta idea? ¿Cómo se define esta Nación? ¿Qué desafíos tiene? 1.- Las tres historias de BoliviaPor influencia de las ideas políticas y jurídicas occidentales (europea y estadounidenses), más concretamente, de las ideologías y las experiencias de la Revolución Francesa y de los Estados Unidos de Norteamérica (USA), después de las revoluciones de independencia de las colonias de América Latina de la corona española y del nacimiento de las repúblicas latinoamericanas, en Bolivia también se pensó y trabajó políticamente para que la nueva república tenga una historia y un desafío común: ser una nación moderna. Pero sin embargo, sabemos que esa historia giró en torno a los gobiernos altiplánicos de turno y que dicha nación y modernización, los líderes y dirigentes políticos, sobre todo, los criollos del occidente boliviano, no lograron materializarla ni alcanzarla ni siquiera después de la Revolución del 52 del siglo XX. En todo ese proceso, a través de una educación a medias tintas, y con aquel afán de un Estado-nación boliviano moderno, impusieron una sola historia: la historia de las elites políticas y grupos dominantes de la economía del altiplano que gozaron del uso y abuso del poder estatal desde la fundación de Bolivia. Así se olvidaron de las tres historias que tuvo y aún tiene Bolivia.Una: ya la mencionamos, es la historia de las elites y pocos grupos enriquecidos con los minerales de la plata y el estaño, representados por caudillos y dictadores militares del altiplano como Ballivián, Belzu, Achá, Melgarejo, etc. que gobernaron a su antojo, ante todo, la sociedad andina boliviana, y poco a poco fueron imponiendo a todas las regiones de Bolivia como Tarija y el Oriente boliviano una supuesta historia nacional común a todos y para todos, desconociendo y no respetando la realidad del mundo o la sociedad y cultura camba, presente en algunos de sus aspectos desde tiempos precolombinos y también desde los comienzos de la exploración, conquista y colonización de estas tierras bajas por parte de los españoles. Dos: la otra es la historia que Xavier Albó y Josep Barnadas llaman “la cara india y campesina de Bolivia”. Una historia protagonizada por los originarios y campesinos de la geografía andina de Bolivia: principalmente por los Quechuas y Aymaras. Pueblos o culturas que bien que mal fueron absorbidos parcialmente por el mal denominado “Estado boliviano”, pero con una consecuencia fatal: aquellas culturas originarias aprendieron, por influencia del sindicalismo, del trostkismo, del marxismo radical u ortodoxo y más tarde del indianismo, a exigir sus demandas sociales y económicas a dicho Estado por medio de la movilización y protesta social: paros, huelgas, manifestaciones, bloqueos de carreteras, enfrentamiento armado, etc.Tres: la historia del Oriente boliviano. Ha sido una historia con sus protagonistas, sucesos, hechos, ideas y pensamientos que fue ignorada o desconocida por historiadores, líderes y gobernantes de aquel Estado boliviano. No se la narró ni se la incluyó en los textos oficiales de la mal llamada historia nacional o boliviana para enseñarla también en las escuelas públicas. Tuvieron que ser los propios intelectuales e investigadores del Oriente boliviano quienes describieron esta historia. Por ejemplo, algo la resume Gabriel René-Moreno en la Introducción de su obra “Archivos de Mojos y Chiquitos”; José Chávez Suárez intenta también un esbozo tratando de profundizar en la historia de Mojos o en la historia de lo que hoy es el departamento del Beni en su libro “Historia de Moxos”; Enrique Finot busca ya hacer una descripción más completa en su “Historia de la Conquista del Oriente Boliviano”; Hernando Sanabria también hace un valioso esfuerzo por relatarnos esa historia en sus libros “Ñuflo de Chávez, el caballero andante de la selva”, “Crónica sumaria de los gobernadores de Santa Cruz, 1560-1810”, “Breve historia de Santa Cruz”, y más recientemente, dos autores hacen una contribución de suma importancia en la descripción o estudio de esta historia: Alcides Parejas con sus obras “Historia del Oriente Boliviano. Siglo XVI y Siglo XVII”, “Historia de Moxos y Chiquitos a fines del siglo XVIII”, y José Luis Roca con su reciente libro “Economía y Sociedad en el Oriente Boliviano (Siglos XVI y XX)”.Si esa historia existe, es porque sus protagonistas vivieron y la hicieron, y si ya está en gran parte escrita, entonces veamos algunos de sus momentos y / o sucesos más relevantes.2.- Resumen de la historia del Oriente bolivianoEn la región sudeste de América del Sur Meridional, entre 1516 y 1536, algunos ibéricos como Juan Díaz de Solís y Sebastián Gaboto, exploran el río Paraná en busca de metales preciosos. Otro de los exploradores fue Alejo García quien recorre las tierras de lo que hoy es el Paraguay y el norte del Chaco en busca de riqueza y gloria. Navega el río Pilcomayo y llega hasta la desembocadura del río Bermejo. En este recorrido obtiene muestras del metal de la plata de parte de los habitantes nativos. Por esto al Pilcomayo (que en lengua indígena significa “río de las palmeras”) lo nombra “río de la plata” (Chávez 1944).En el contexto de esta expansión y dominio imperial de la Corona española, y ante la noticia de más riquezas en plata y oro, el rey de Castilla, mediante Capitulación de 21/3/1524, encomienda el gobierno y la conquista de esas tierras y provincias que hay en el río de Solís (es decir, el Paraná) al adelantado don Pedro de Mendoza, con la intención también de llegar al “Mar del Sur” (o el Pacífico). Con la llegada de don Pedro de Mendoza, gobernador y capitán general, y Juan de Ayolas como lugarteniente y después como capitán general, al sucederle a Mendoza, y otros conquistadores, se inicia el periodo de exploraciones, conquista y colonización de las tierras del Chaco y de lo que actualmente es la región de Santa Cruz de la Sierra.En efecto, Juan de Ayolas, después de sostener batallas contra los naturales de dichas regiones, de navegar el río Paraná y de vencer en batalla, por ejemplo, a los Timbúes, continúa buscando la “Sierra de la Plata” cuyas muestras de metal ya conocían en España desde hacía más de una década. La esperanza de hallar riqueza en metales preciosos lo empujó a penetrar hasta la chiquitanía. Ante la muerte de Ayolas en Asunción, es elegido como su sucesor Domingo Martínez de Irala hasta la llegada del nuevo adelantado: don Alvar Núñez Cabeza de Vaca (Finot 1978). La búsqueda de la “Sierra de la Plata”, llamada años después, El Dorado, continuará hacia cada vez más al norte de Asunción. Después de Alvar Núñez Cabeza de Vaca pasa a ser gobernador de Asunción Domingo Martínez de Irala, quien tenía entre sus soldados a Ñuflo de Chávez. Irala tenía información de los naturales de que al noreste de la laguna de El Dorado reinaba el Paititi o el Gran Mojo (reino de riqueza fabulosa). Hizo algún intento, sin éxito, por encontrarlo. Empero, fue Ñuflo de Chávez quien concibió un proyecto realista y concreto para encontrarlo: crear una provincia cuyo gobierno le fuera confiado por la corona española, alentado aún por la esperanza de hallar El Dorado o el reino del Gran Mojo. Fue así como Chávez (por recomendación de Irala de fundar un centro colonial en los Jarayes con el exclusivo objetivo de establecer un punto medio en que pudieran apoyarse los trabajos de la conquista del Gran Mojo), en octubre de 1541, con tres navíos y ochenta españoles arribó por el río Paraguay en busca de la provincia de El Dorado. Más de una década después, el año 1553, realizó otra expedición esta vez en compañía de Irala, pero no encuentra dicho reino. En 1558, al realizar otra expedición con los mismos objetivos, recién llega a la zona actual de Santa Cruz y funda las ciudades de la Barranca (1559), Nueva Asunción (1559) y la propia actual Santa Cruz de la Sierra en 1561 (Pifarré 1989; Sanabria 1984). A los Chiquitos y otros pueblos originarios de la chiquitanía, Chávez les hace saber que venía en nombre del Rey de España y de la voluntad del Dios católico. Les ofrece amistad y paz. Pero no todos los naturales estaban dispuestos a aceptar la presencia de los ibéricos. Por eso ofrecen resistencia o batalla. Muchos grupos étnicos o parcialidades son derrotados. Otros, sin embargo, aceptan la amistad de Chávez (Finot 1978). Fundada Santa Cruz de la Sierra como centro de apoyo colonial para buscar El Dorado y poner un dique militar al avance de los portugueses hacia el centro tropical de Sudamérica, los gobernadores que se sucedieron se dedicaron a realizar expediciones hacia los llanos de Mojos a objeto de encontrar el reino del Paititi. Con el tiempo, al no encontrar el codiciado metal, por instrucción del Virreinato de Lima a través de la Audiencia de Charcas que buscaba normar las actividades de los cruceños, estos tuvieron que hacerle la guerra a los Chiriguanos a fin de asegurar la explotación del cerro rico de Potosí y de mantener una vía de comunicación entre la Audiencia de Charcas y Asunción del Paraguay. También se dedicaron a buscar pobladores españoles, tal como ya Chávez había intentado hacerlo. Para el caso de los llanos de Mojos, a partir de 1571, se inician los intentos de explorarlo y conquistarlo a la cabeza del gobernador don Juan de Zurita. Pero será su sucesor, don Lorenzo Suárez de Figueroa –nombrado por el virrey Toledo el 17 de octubre de 1580– quien, entre dicho año y 1597, organizará y comandará expediciones de conquista a Mojos. En el primer cuarto del siglo XVII se siguieron organizando expediciones de conquista hacia la provincia de Mojos en busca del Gran Paititi. Así, en 1602 se realiza la expedición de don Juan Mate de Luna, hombre considerado aún entre los primeros gobernadores de Santa Cruz de la Sierra, que vino exclusivamente de España para tal cargo y para conquistar la mentada Tierra Rica de los Mojos. Entró a dicha provincia, fundó cierto tipo de población a la cual puso el nombre de Trinidad, pero no dejó españoles porque se le amotinó la gente, mientras otros se fugaron al monte (Finot 1978; véase Chávez 1944).Con la intención de sojuzgar a la población de la provincia de Mojos y de poblar la Santísima Trinidad fundada por Mate de Luna, Gonzalo Solís de Olguín recibe dicha provincia en calidad de encomienda. Con estos propósitos organiza en 1617 una expedición que llegó hasta las poblaciones o aldeas de los Mojocosi (hoy llamados los Mojos pertenecientes a la familia lingüístico cultural Arawak) (Denevan 1980). Se enfrenta y vence a los Tapacuras. Otros pueblos de la provincia optan por no dar batalla a los españoles cruceños. En 1636 hubo otro intento, esta vez del presidente de la Audiencia de Charcas (con los recursos de Pedro de Iriarte –un poblador de San Lorenzo de la Frontera), de ocupar la provincia de Mojos por razones económicas y para oponer un dique a los avances de Portugal a todo lo largo de la frontera oriental del Alto Perú (Finot 1978). Esta expedición no llegó a efectuarse. Pero entre 1631 y 1667, más concretamente después de la muerte de Solís de Olguín (1626), se organizaron otras expediciones militares desde Santa Cruz de la Sierra acompañadas por algunos eclesiásticos o misioneros, esta vez con dos intenciones: convertirlos a la fe católica y encomendarlos en las estancias de los cruceños si eran vencidos en batalla en caso de que los originarios se enfrentasen a los españoles. En 1667 entra otra expedición a la provincia de Mojos con dos objetivos: a) Ayudar a los Mojos (Mojocosi) en su guerra contra los Cañacures y b) ganar esclavos para traerlos a Santa Cruz de la Sierra. El jesuita Juan de Soto acompañó la expedición a fin de ver la posibilidad de fundar misiones, tras haber sido motivado a esto por sus personales contactos con los naturales mojeños en Santa Cruz de la Sierra y por informes de grandes cantidades de aldeas que habían hecho los propios jesuitas en expediciones anteriores. Al regresar el Hno. Juan de Soto recomendó a sus superiores fundar reducciones en la provincia de los llanos de Mojos (Denevan 1980).